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Nuestra historia
Una tarde cualquiera
Mateo conoció a Valentina una tarde cualquiera, de esas que parecen no tener nada especial. Ella reía mientras intentaba ordenar unos papeles que el viento insistía en llevarse, y él, sin pensarlo, corrió a ayudarla.
Desde ese día comenzaron a encontrarse casi por casualidad: en la plaza, en la cafetería, en la esquina donde ambos esperaban la micro. Poco a poco, las conversaciones cortas se volvieron largas, y las despedidas empezaron a doler un poquito más.
Mateo se enamoró de la forma en que Valentina miraba el mundo. Valentina, en cambio, se enamoró de la calma de Mateo, de esa manera suya de hacerla sentir segura sin decir demasiado.